Nadie quiere pagar impuestos. "Uno paga impuestos para que los políticos se los roben", es la opinión general de la ciudadanía. "Aquí uno trabaja es para pagar impuestos, nada más", dirán otros. Y puede que sea cierto. El sistema tributario actual genera muchas cargas para la persona del común, a las empresas. Las personas no comprenden las diferencias entre impuestos, tasas y contribuciones, pero tienen muy claro que, en un u otro caso, tienen que pagar. Y se supone que pagan para obtener un beneficio, una mejora en su calidad de vida, una inversión estatal para el buen funcionamiento de la sociedad, pero al no ver esos "beneficios" se desaniman y desconfían de todo lo que tenga que ver con "tributos", "impuestos" o similares.
Existen dos palabras que, en este caso, no nos hacen felices: "reforma tributaria". La ciudadanía no entiende el contenido o alcance de una reforma de este tipo, lo único que saben es que les tocará pagar más por algo, por algún producto o servicio. Y en un país de profundas desigualdades económicas resulta muy injusto el hecho de pagar y pagar a un estado inoperante, complejo de entender, incapaz de responder algunas necesidades básicas de la población. En todo ese contexto, señor gobernante que necesita "vender" una reforma tributaria, es donde usted deberá lanzar su arsenal para que se la aprueben. Todo el mundo lo va a odiar, pero los impuestos son un mal necesario y usted lo sabe.
Pero lo que usted debería vender, señor impulsor de la reforma tributaria, no es la reforma en sí, sino la forma en que se gasta la plata. La gente no necesita pagar más impuestos, sino que los sepan administrar. La gente no quiere pagar más tasas o contribuciones o como quiera que se llamen, lo que quiere es un estado que realmente trabaje, que "sirva para algo, no solo para cobrar impuestos".
En vez de recaudar más plata, sepa administrar la que tiene. Si tiene que bajarle el sueldo a algún "alto funcionario", hágalo. Priorice el gasto: educación, salud, ciencia, tecnología, innovación. Si quiere un país próspero y que tribute con devoción, pues empodere a la ciudadanía con mayor inversión social. Pero ojo: no se trata de regalar subsidios a todo el mundo porque pobrecitos todos, más bien, genere condiciones para desarrollar empresa, para estimular la formalización del empleo, el acceso a los servicios públicos esenciales, fortalezca la educación pública y de calidad, construya un país en equidad.
La equidad es el mejor estímulo para los sistemas tributarios. Cuando se invierte en el desarrollo de la sociedad basado en criterios de equidad, la comunidad se podrá ver beneficiada y pagará con gusto sus impuestos. Pero hasta que ese objetivo sea logrado realmente, le tocará seguir recaudando dinero para un proyecto de país inviable. Si sabe administrar y gerenciar en lo poco, lo hará con mayores resultados en lo mucho. Así de sencillo.
Cuando logre administrar los recursos públicos en equidad, podrá intentar nuevamente dos opciones para unificar el país: o pone a jugar a la Selección (otra vez) o intentará otra reforma tributaria. Las personas (otra vez) hablarán de usted, pero en su propio beneficio, porque saben que tendrán un beneficio de esos impuestos y verán bien invertido el dinero que paguen por cualquier clase de tributo que se les diseñe.