Lo eres porque te vas y vuelves. Lo eres porque quieres, pero a la vez, no deseas. Lo eres porque simplemente alguien viejo y lleno de canas te lo digo. Lo eres, punto.
No lo eres porque sabes bien que eres inconstante. No lo eres porque tienes definido tu propósito en la vida y quieres alcanzarlo con él. No lo eres porque, en el fondo, te duele cuando fallas. No lo eres porque eres consciente de tus actos. No lo eres porque sabes que eres transparente.
Y en esa eterna dicotomía meditas sobre tu hipocresía, sabiendo que no lo eres, pero a la vez te cuestionas tu falta de honestidad. Tus pensamientos van y vienen, odias tu sinceridad y amas tu falsedad, para que al instante adores tu honestidad y condenes tus mentiras.
Al final, hipócrita, eres y no eres.