¿Cómo llegó hasta acá? ¿Dónde está? ¿Por qué tantos colores tan alegres? Nada coincide con esa bruma negra en la que recordaba estar, pero esa oscuridad era mejor: tanta brillantez la mareaba, le producía náuseas. No entendía, quería caer en ese pozo oscuro otra vez, escuchar el quiebre del vaso al caer, dejar de sentir esa sensación alegre y seguir nadando en el mar de su desgracia.
Sin embargo, ella estaba ahí por un propósito. No era casualidad, era la consecuencia. Su paz estaba en la oscuridad, su tormento estaba en la luz. Entonces, estaba siendo castigada. Terca, torpe e inconstante, no entendió que al ahogarse en sus penas no se quedaría allí, sino que iba a trascender. Ahora, esa felicidad en tonos pasteles sería su eterno castigo, la carga que debía soportar por querer acelerar su transito al otro lado.
Y así, en ese bucle de colores y perfumes, pasa su tiempo, sonriendo falsamente, lamentando alegremente que ya descansa de su dolor, reposando en una fantasía que aborrece. Su escape se convirtió en su prisión, pero no quiere arrepentirse: quizá, si lo hace, sería verdaderamente feliz.
Espero que descanses en paz...