miércoles, 20 de agosto de 2025
Agosto, día 20
sábado, 5 de julio de 2025
Julio, día 5
martes, 17 de junio de 2025
Junio, día 17
martes, 25 de marzo de 2025
Marzo, día 25
viernes, 14 de marzo de 2025
Marzo, día 14
sábado, 15 de febrero de 2025
Febrero, día 15
Ya ha pasado bastante tiempo desde la última vez en la que plasmé pensamientos en escritos. Quizá el hábito se está deteriorando, pero la necesidad de desahogarme se mantiene. Aunque, siendo justos, han sido mejores días y el torbellino de mis ideas se ha calmado. Hay un truco muy interesante que permite calmar las aguas después de una fuerte tormenta: el ideal de Dios.
De otro lado, he aprendido que la mente se tranquiliza cuando otros sentidos se vuelven más agudos. El escuchar mejor, el ver con más calma, el sentir con mayor intensidad, el saborear con mayor detalle. Mi trabajo sabe a vainilla: es dulce, pero en exceso resulta bastante empalagoso. Mi profesión sabe a café, es amargo, pero con un buen maridaje es posible acompañarlo y hacerlo delicioso. Mi familia... ellos son una mezcla infinita de sabores, una combinación de buenas especias y carnes maduras. Jamás me cansaré de su sabor.
Hay amigos que son como las comidas procesadas: en exceso hacen daño. Hay que etiquetarlos y consumirlos con precaución. Otros tienen el sabor de las naranjas, pues son ácidos y cuentan con algo de dulzura. Finalmente, los vecinos me saben a metal y siempre me dejan un mal sabor de boca.
Hay días en la oficina que me parecen a una guayaba: no me gusta, pero es necesaria para la salud. A pesar de ello, la disfruto cuando se convierte en bocadillo, cuando se esparce como jalea sobre las galletas. Quisiera otro sabor en el trabajo, por allí anda una cereza que puede saber bien, pero tantas cerezas al tiempo pueden enfermar. Pero bueno, mientras tanto seguiré saboreando la vida como mi gato saborea su atún, sabiendo que el ideal de Dios pondrá mejor sazón a mi existencia.
martes, 21 de enero de 2025
Enero, día 21
Se entregó un informe completo. Se logró el cumplimiento de los indicadores, con un índice de satisfacción del 105%. Se recibieron las felicitaciones, los elogios fueron bastantes generosos. A pesar de las quejas, se logró mejorar el porcentaje de utilidades. Por fin, se completó el cierre del año anterior. Los resultados fueron buenos, las pérdidas se controlaron, todo mejoró. En números, pero mejoró.
Se logró conciliar ese caso complejo. Los juzgados han sido, entre todo, ligeramente ágiles y se pudo completar el cierre de varios procesos. Las sentencias han sido favorables. La tasa de litigios mejoró, el índice de conciliación aumentó. Somos buenos, nos volvimos ágiles. En correos, pero ágiles.
Se pagaron los impuestos. Se definió el sistema de gestión, se crearon los formatos, se optimizaron los procesos, se completaron las obras y los recursos se ejecutaron adecuadamente. Se evitaron sanciones, se evitaron pleitos innecesarios. La convivencia mejoró. En teoría, pero mejoró.
Y a pesar de tantos buenos resultados, de cumplir los deberes, de demostrar la inteligencia y la responsabilidad, nada me llena, nada me complace. El deber cumplido es eso, mero cumplimiento. Tareas hechas, insatisfacción manifiesta.
Helado de vainilla, mi favorito. Ya no me agrada. A dormir.
martes, 14 de enero de 2025
Enero, día 14
miércoles, 8 de enero de 2025
Enero, día 8
Pasó el día. No pasó nada.
Solamente pasa el silencio. El ruidoso y estruendoso silencio.
Por hoy, más silencio.
¿Ojalá pasara algo? Ojalá, pero que ocurra algo positivo. No soporto más tantos escenarios adversos en este momento.
lunes, 6 de enero de 2025
Enero, día 6
miércoles, 1 de enero de 2025
Enero, día 1
Como buen inicio de año, desperté muy tarde. O muy temprano, no lo sé. Había demasiado silencio en el barrio, pero sobre el medio día inició el bullicio de los asados. El olor del humo en toda la cuadra, las porciones de carne listas, las papas saladas y la mazorca con mantequilla. Cerveza, en abundancia. Comida, demasiada para una sola familia. Chistes flojos del año anterior, en cantidades promedio. Algunas fotos con los niños, escuchar la pólvora que le sobró a los vecinos, intentar oír las rancheras de la casa del lado que se confundían con las canciones de merengue que sonaban en el patio de nuestra casa. Un típico inicio de año, pero con una diferencia abismal: no encuentro la motivación para iniciar (o continuar) esta anualidad. Un postre ligero para la cena, dos vasos de agua e intentar dormir un sueño que no relaja, sino que asusta.
Cae la noche, la oscuridad trae consigo más silencio. Pero en mi cabeza resuena ese zumbido de duda, la incertidumbre de otro año y los pendientes del anterior. No debería ser primero, no se debería reiniciar la cuenta. Al fin y al cabo, la misma incertidumbre continua y, tal como sospecho, no tiene fin.