La rutina del diario está funcionando. Ya he logrado capturar algunos pensamientos sueltos y he podido integrar un poco la sobreproducción mental que tengo por estos días. Los resultados me asustan: demasiada ansiedad, bastante incertidumbre. ¿Qué pretendía, acaso? Lo que estoy leyendo es, en últimas, lo que realmente estoy sintiendo. Me estoy sintiendo mal.
Tengo miedo de mañana, específicamente del día de mañana. ¿O no debería tener miedo? Mi mente, mi siempre inagotable imaginación, mi infinita curiosidad, ha proyectado la más tenebrosa jornada de martes. Es posible que ese sueño (esa mísera pesadilla) se vuelva realidad: mañana es posible que exploten esas tuberías y me ahogue en ese mar de vergüenza. No lo sé.
La pequeña victoria del día se desvanece y empieza a tomar forma el miedo del mañana. Amanecerá y veremos.
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