Pero sí quiero celebrar, así sea momentáneamente, porque he logrado superarme a mí mismo. El simple hecho de saber y ser más consciente de lo que me pasa debe bastar para celebrar. Claro, después de la fiesta se retoma lo pendiente, pero la pequeña celebración me puede motivar. Debo dejar de ser tan injusto conmigo mismo, porque precisamente por eso es que esas celebraciones serán efímeras.
Muchas pequeñas y más seguidas celebraciones, para que al final la vida sea una fiesta constante, una reunión de pequeñas victorias y buenos recuerdos.
Llega un nuevo correo, otra llamada telefónica, un pequeño triunfo. Continuemos.
No hay comentarios:
Publicar un comentario