ADVERTENCIA: Se permite pensar y opinar diferente. Esto es Opiniones Paralelas. Bienvenido.

martes, 21 de enero de 2025

Enero, día 21

Se entregó un informe completo. Se logró el cumplimiento de los indicadores, con un índice de satisfacción del 105%. Se recibieron las felicitaciones, los elogios fueron bastantes generosos. A pesar de las quejas, se logró mejorar el porcentaje de utilidades. Por fin, se completó el cierre del año anterior. Los resultados fueron buenos, las pérdidas se controlaron, todo mejoró. En números, pero mejoró.


Se logró conciliar ese caso complejo. Los juzgados han sido, entre todo, ligeramente ágiles y se pudo completar el cierre de varios procesos. Las sentencias han sido favorables. La tasa de litigios mejoró, el índice de conciliación aumentó. Somos buenos, nos volvimos ágiles. En correos, pero ágiles.


Se pagaron los impuestos. Se definió el sistema de gestión, se crearon los formatos, se optimizaron los procesos, se completaron las obras y los recursos se ejecutaron adecuadamente. Se evitaron sanciones, se evitaron pleitos innecesarios. La convivencia mejoró. En teoría, pero mejoró.


Y a pesar de tantos buenos resultados, de cumplir los deberes, de demostrar la inteligencia y la responsabilidad, nada me llena, nada me complace. El deber cumplido es eso, mero cumplimiento. Tareas hechas, insatisfacción manifiesta.


Helado de vainilla, mi favorito. Ya no me agrada. A dormir.

martes, 14 de enero de 2025

Enero, día 14

Me logré inscribir al grado. Al fin tendré un motivo, así sea muy efímero, para celebrar algo después de tanto tiempo. Pero bueno, hay otras cosas que podrían ser motivo de celebración, aunque insisto, sean momentos cortos, tan pasajeros como la vida misma.

Pero sí quiero celebrar, así sea momentáneamente, porque he logrado superarme a mí mismo. El simple hecho de saber y ser más consciente de lo que me pasa debe bastar para celebrar. Claro, después de la fiesta se retoma lo pendiente, pero la pequeña celebración me puede motivar. Debo dejar de ser tan injusto conmigo mismo, porque precisamente por eso es que esas celebraciones serán efímeras.

Muchas pequeñas y más seguidas celebraciones, para que al final la vida sea una fiesta constante, una reunión de pequeñas victorias y buenos recuerdos.

Llega un nuevo correo, otra llamada telefónica, un pequeño triunfo. Continuemos.

miércoles, 8 de enero de 2025

Enero, día 8

Pasó el día. No pasó nada.

Solamente pasa el silencio. El ruidoso y estruendoso silencio.

Por hoy, más silencio.

¿Ojalá pasara algo? Ojalá, pero que ocurra algo positivo. No soporto más tantos escenarios adversos en este momento.

lunes, 6 de enero de 2025

Enero, día 6

Otra vez me desperté muy tarde. Aunque celebré, porque si bien ya el día estaba brillante, logré levantarme. Monté bicicleta, sentí el viento que acariciaba mi rostro y mis piernas funcionaron en un movimiento distinto. Lo puedo considerar una pequeña victoria.
La rutina del diario está funcionando. Ya he logrado capturar algunos pensamientos sueltos y he podido integrar un poco la sobreproducción mental que tengo por estos días. Los resultados me asustan: demasiada ansiedad, bastante incertidumbre. ¿Qué pretendía, acaso? Lo que estoy leyendo es, en últimas, lo que realmente estoy sintiendo. Me estoy sintiendo mal.
Tengo miedo de mañana, específicamente del día de mañana. ¿O no debería tener miedo? Mi mente, mi siempre inagotable imaginación, mi infinita curiosidad, ha proyectado la más tenebrosa jornada de martes. Es posible que ese sueño (esa mísera pesadilla) se vuelva realidad: mañana es posible que exploten esas tuberías y me ahogue en ese mar de vergüenza. No lo sé.
La pequeña victoria del día se desvanece y empieza a tomar forma el miedo del mañana. Amanecerá y veremos.

miércoles, 1 de enero de 2025

Enero, día 1

Como buen inicio de año, desperté muy tarde. O muy temprano, no lo sé. Había demasiado silencio en el barrio, pero sobre el medio día inició el bullicio de los asados. El olor del humo en toda la cuadra, las porciones de carne listas, las papas saladas y la mazorca con mantequilla. Cerveza, en abundancia. Comida, demasiada para una sola familia. Chistes flojos del año anterior, en cantidades promedio. Algunas fotos con los niños, escuchar la pólvora que le sobró a los vecinos, intentar oír las rancheras de la casa del lado que se confundían con las canciones de merengue que sonaban en el patio de nuestra casa. Un típico inicio de año, pero con una diferencia abismal: no encuentro la motivación para iniciar (o continuar) esta anualidad. Un postre ligero para la cena, dos vasos de agua e intentar dormir un sueño que no relaja, sino que asusta.

Cae la noche, la oscuridad trae consigo más silencio. Pero en mi cabeza resuena ese zumbido de duda, la incertidumbre de otro año y los pendientes del anterior. No debería ser primero, no se debería reiniciar la cuenta. Al fin y al cabo, la misma incertidumbre continua y, tal como sospecho, no tiene fin.