Se entregó un informe completo. Se logró el cumplimiento de los indicadores, con un índice de satisfacción del 105%. Se recibieron las felicitaciones, los elogios fueron bastantes generosos. A pesar de las quejas, se logró mejorar el porcentaje de utilidades. Por fin, se completó el cierre del año anterior. Los resultados fueron buenos, las pérdidas se controlaron, todo mejoró. En números, pero mejoró.
Se logró conciliar ese caso complejo. Los juzgados han sido, entre todo, ligeramente ágiles y se pudo completar el cierre de varios procesos. Las sentencias han sido favorables. La tasa de litigios mejoró, el índice de conciliación aumentó. Somos buenos, nos volvimos ágiles. En correos, pero ágiles.
Se pagaron los impuestos. Se definió el sistema de gestión, se crearon los formatos, se optimizaron los procesos, se completaron las obras y los recursos se ejecutaron adecuadamente. Se evitaron sanciones, se evitaron pleitos innecesarios. La convivencia mejoró. En teoría, pero mejoró.
Y a pesar de tantos buenos resultados, de cumplir los deberes, de demostrar la inteligencia y la responsabilidad, nada me llena, nada me complace. El deber cumplido es eso, mero cumplimiento. Tareas hechas, insatisfacción manifiesta.
Helado de vainilla, mi favorito. Ya no me agrada. A dormir.
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